Mal empezaba el día: contigo, pero sin ti.
Me preguntaba de dónde podría venir ese olor, y por supuesto, por qué.
Aun con los parpados pegados por el sueño decidí salir a la calle a despejar mis pensamientos. Mala idea la mía.
El sol parecía que brillase con más fuerza que nunca. Me paré en seco. Era como si el tiempo se hubiese paralizado. Las hojas dejaron de caer de los árboles. El viento dejó de soplar. Las nubes dejaron de moverse. La gente dejó de reír. No me sentía capaz de seguir adelante, de moverme, de levantar un pie, ni siquiera podía parpadear. Mis piernas empezaron a temblar. Mi corazón en lugar de pararse como todo el resto del universo había hecho, empezó a palpitar como nunca antes.
Ahí estaba ella, venía directa hacia mí. Quería hacerme invisible. Desaparecer.
No hizo falta. Para ella ya lo era. No me vio. O hizo como que no me vio. De repente pude parpadear, cerré los ojos, y al volverlos a abrir, estaba en mi cama. Todo había sido un sueño. Pero el olor de aquella mañana, seguía estando ahí.
Firmado, un chico nunca correspondido.