Al levantarme, lo he hecho con la esperanza de que hoy, por fin, sea el día que tanto espero, el día en que no signifiques nada para mí. Y por supuesto, si hoy hubiese sido ese día no estaría escribiendo en estas páginas.
¿Sabes qué es lo que más duele? Que desde que te lo confesé todo, nada ha cambiado. Eso es lo peor de todo. Si hubiese cambiado para mejor, o incluso para peor, no tendría este sentimiento que tengo aquí dentro, porque eso significaría que al menos, algo te importo, pero es que, sigues saludándome todos los días, sigues despidiéndote todas las noches, y sigues riéndote de mis gracias. Y por eso, se me hace más difícil olvidarte. Porque para ti, todo sigue igual, mientras que para mí, todo ha cambiado. La esperanza que guardaba hace unos días, desapareció de un mazazo con aquel: ''Yo te quiero. Y mucho. Pero no de la misma forma que tú a mí''.
Hoy despido el día, después de haber estado pasando horas y horas pensando en cómo poder olvidarte, sin darme cuenta de que, cuanto más pienso en ello, más te recuerdo.
Deseando que mañana sea el día del olvido. Un chico nunca correspondido.
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