viernes, 27 de junio de 2014

Capítulo 6.- Buenas noches.

Tú no has visto sus ojos mirándote a los tuyos fijamente sin poder decir nada, sin poder moverte, sólo mirándola. 

No has visto su sonrisa, el mechón de pelo que le cae por la cara, el movimiento con delicadeza que hace para colocárselo detrás de su oreja.

No la has visto bromear, reír, o llorar. 

No me has visto a mí estando con ella. Ese momento es como flotar en una nube y a la vez tirarte desde un precipicio sin paracaídas, sin saber bien dónde vas a caer, si te vas a hacer daño al chocar contra el suelo, o si por el contrario no lo vas a tocar jamás. Es sentir el riesgo en tus piernas, pero a la vez poder tocar la libertad y la felicidad con la punta de tus dedos. 

Estar con ella es la mejor y la peor sensación que se puede tener. Es sentir que nada puede salir mal. Aunque después, independientemente de lo que sientas, todo puede torcerse y no vas a importarle a nadie lo más mínimo. 

Pueden ser las tantas de la madrugada, la noche más fría o el día más caluroso del año. Estando ella, no echas nada en falta. De hecho, sobra todo, solo la necesitas a ella, y al tiempo, infinidad de tiempo porque a su lado las horas pasan como minutos y los meses como las noches: cuando despiertas ya han pasado. Lo bueno es que, por mucho que despiertes ella es un sueño real. 

Buenas noches. 
Firmado, un chico nunca correspondido. 

viernes, 20 de junio de 2014

Capítulo 5.- Mide la vida.

Una hora, sesenta minutos. Un dia, mil cuatrocientos cuarenta minutos. ¿Un año? Quinientos veinticinco mil seiscientos minutos. Quinientas veinticinco mil seiscientas oportunidades, momentos, imágenes, pensamientos, sentimientos, olores, canciones, comidas, familias, amigos.

Hoy terminan las clases, y sugiero una reflexión: ¿Cómo podemos saber si lo que hacemos con nuestra vida vale la pena, cómo saber si debemos de seguir por donde vamos? ¿Cómo podemos medir nuestra vida?

Pues bien, podríamos hacerlo en atardeceres, amaneceres, anocheceres, en estrellas fugaces que vemos pasar a lo largo de nuestra vida, en tazas de café caliente que tomamos en esa fría tarde en la que ves las gotas de lluvia resbalar por la ventana, en pulgadas, millas, metros, en risas o en luchas.

Cada año se nos presentan quinientos veinticinco mil seiscientos viajes que imaginar con esa persona con la que tanto deseas pasar escasos minutos en la intimidad de tu cuarto.

¿Por qué no medir la vida en verdades que aprendemos, mentiras que nos creemos, o mentiras que nos queremos creer? En las veces que lloramos, las veces que explotamos, o las veces que nos controlamos, o incluso la forma en la que morimos.

Llegados a este punto, mira atrás, observa el año que ha pasado. Queda lejos aquel septiembre en el que decías que este día tardaría mucho en llegar, ¿verdad? Piensa en la gente que has dejado, en la gente que has conocido, y en la gente con la que has vuelto a crear una relación que creías ya inexistente.

Por último, piensa en el amor. Mide tu vida en amor.

Así lo he hecho yo, y tengo que decirte, que la balanza de mi vida, hoy pesa muchísimo más que el año pasado, pero mucho menos que el año que está por comenzar.

Firmado, un chico nunca correspondido.