No has visto su sonrisa, el mechón de pelo que le cae por la cara, el movimiento con delicadeza que hace para colocárselo detrás de su oreja.
No la has visto bromear, reír, o llorar.
No me has visto a mí estando con ella. Ese momento es como flotar en una nube y a la vez tirarte desde un precipicio sin paracaídas, sin saber bien dónde vas a caer, si te vas a hacer daño al chocar contra el suelo, o si por el contrario no lo vas a tocar jamás. Es sentir el riesgo en tus piernas, pero a la vez poder tocar la libertad y la felicidad con la punta de tus dedos.
Estar con ella es la mejor y la peor sensación que se puede tener. Es sentir que nada puede salir mal. Aunque después, independientemente de lo que sientas, todo puede torcerse y no vas a importarle a nadie lo más mínimo.
Pueden ser las tantas de la madrugada, la noche más fría o el día más caluroso del año. Estando ella, no echas nada en falta. De hecho, sobra todo, solo la necesitas a ella, y al tiempo, infinidad de tiempo porque a su lado las horas pasan como minutos y los meses como las noches: cuando despiertas ya han pasado. Lo bueno es que, por mucho que despiertes ella es un sueño real.
Buenas noches.
Firmado, un chico nunca correspondido.