viernes, 11 de julio de 2014

Capítulo 7.- Claves para tu propio éxito.

Cierra los ojos. Respira profundo. Nota como el aire entra en tu cuerpo y como sale llevándose cada resto de preocupación o de pensamiento negativo. 

Métete en tu interior, siente lo que de verdad eres. No lo que quieres ser. No lo que quieres que los demás vean. Solamente tú. De hecho, olvida quién eres, dónde vives, tus gustos, aficiones o tus defectos, tus fallos. 

¿Qué eres? Íntenta responderlo.
 
Mejor, te doy yo la respuesta: una persona. Una persona igual a la que está en su casa sentado en el sofá, leyendo el periódico, montado en el autobús o corriendo por la calle. 

Si esto es así, ¿por qué tenemos la costumbre de pensar que hay gente mejor que otra, gente más capaz que otra o gente destinada al fracaso? 

El curso ha acabado, y estas últimas semanas me he dado cuenta de que nuestras metas a conseguir no son nunca, repito, nunca, inalcanzables. Habrá personas que lleguen antes a ellas, otras tardarán más, pero, si lo que quieres es llegar a ella, ¿qué importa el tiempo? 

Al contrario de lo que mucha gente piensa, el éxito no es levantar la copa de ganador, morder la medalla de la competición o subir al podio. El éxito es constancia, es interés, es esfuerzo. 

Esto mismo lo puedes comprobar tú mismo: ¿te sientes igual cuando consigues algo por meritos propios que cuando lo obtienes regalado? ¿No, verdad?

Si lo que quieres es destapar una botella de sidra o que te tiren confeti, cúrratelo, y tarde o temprano lo conseguirás. 

Por último piensa, las personas no son recordadas por el número de veces que fracasan, sino por el número de veces que tienen éxito, así que, si cumples tus metas se te recordará por ello, y no por las veces que caíste intentándolo. 

Firmado, un chico nunca correspondido. 

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